Caldosa en la noche gélida de La Plata

argentina, cuba, literatura

Bergson se apareció con la invitación para una caldosa. “¿Caldosa?”, preguntó asombrado por aquel arrebato de nostalgia. Pero, ya que era nostalgia: “¿Por qué no asamos un lechón?”. “No, Asere, lo que pasa es que tengo unos amigos recién ha llegados de Cuba y quisieron inventar algo con nosotros”. Los amigos, que hasta el momento no conocía, habían pasado el último 26 de julio en La Habana en lo que fue su primer viaje al Caribe y de aquella estancia, que también les permitió conocer Varadero y Trinidad, habían llegado con las pilas cargadas y el revolucionómetro al doscientos por ciento.

El Aseregaucho, que pocas veces asistió a caldosa alguna de las que organizaba el CDR, no sentía ningún entusiasmo por simular la celebración, cuando lo hizo fue para decirle a los vecinos y en especial a quienes tenían cargo que si para algo servía el festejo era para verse las caras, charlar un rato y superan así las carestías y provisorios brotes de envidia. Pero, no solo habrían de entusiasmarse con la idea la Aseregaucha y Mariam, las integrantes de su núcleo familiar (para seguir con los términos a fines), sino que se ofrecieron para darle el toque al plato que habría de prepararse, porque ¡que era eso de preparar una caldosa sin cubanos detrás o delante del fogón! Y era cierto, bastante ya que contaban con poderosos y casi ajenos ingredientes, pensó él cuando agrupados en el patio descubrió sobre la mesa, apilados, los trozos de carne vacuna y chorizos rojos que habrían de enriquecer a las viandas apiladas en cazuelas. Para el frío una inyección de proteínas no estaba mal, que valorando las municiones aquella comida sería capaz de levantar a un muerto. Y mientras descascaraban viandas y trozaban especias, siempre bajo el efecto de la música cubana, iban haciendo historias de las caldosas que seguían preparándose allá aunque no eran tiempos buenos para caldosas, que en los ochenta sí que sabían bien, exclamó Bergson en algún momento alardeando de casinero.

Lo curioso de la reunión, sin embargo, era la manera en que los anfitriones se habían preparado para la noche. El amigo de Bergson y su novia, ambos contemporáneos del grupo cubano, estaban tan fascinados con lo experimentado en su reciente viaje a Cuba que no solo quisieron reproducir una comida cubana simbolizada por aquel plato popular. Felices les recibieron vistiendo atuendos tan familiares para los visitantes que no más haber cruzado la puerta se miraron todos a discreción. Él llevaba uniforme de gala del Ministerio del Interior con grados incluso de teniente coronel y ella lucía un esplendoroso vestuario de empleada de ETECSA, aspecto que confería matiz de fiesta de disfraces al encuentro y mucho peor, por momentos, de investigación policial, como si hubieran vivido un robo y allí tuvieran al oficial para entrevistarlos. Muy extravagante lucía el uniforme del MININT encima del roquero argetino , un tipo con melena y argollas, con tatuajes y la intención solidaria de irse siempre por un porro para amenizar la diversión. Aspectos todos que,  el uniforme debió ser lo definitivo, le hacían tratarlo con cierto recelo.

tenientecoronelEl resultado fue una pasta para chuparse los dedos. No hubo que añadirle agua, dado que no apareció nadie imprevisto, y cada quien pudo zamparse la raciones que su estómago demandó, de manera que al salir, pese a los menos dos grados de temperatura que desolaba las calles, por la sustancia y el vino, el Aseregaucho lucía más contento que cuando había llegado. Lejos quedaban sus remilgos cederistas. Fue capaz de entonar en plena vía, para bochorno de su amada y de su amiga, la canción aquella que había identificado a los cederistas en una época. “Que ya ves”, le dijo Bergson cuando bajó del taxi alquilado en conjunto para trasladarse hasta sus respectivos departamentos, “que no solo los bifes hacen milagros”. Y antes de cerrar la puerta, antes de que los tres siguieran a su espacio hipodrómico, soltó también eso de: “Ya que estamos con lo del trabajo, debíamos abrir un puesto de caldosa.”

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