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En el trayecto el Aseregaucho descubría un mundo revelado en series televisivas y películas; es decir, se deslizaba a través de una realidad pasada por los filtros de la fantasía, las políticas editoriales e informativas de los medios de difusión promovidas allá en el país que dejaba atrás y del cual jamás había salido. Tras los cristales del vehículo podía ver de cerca y al fin el terrible capitalismo, y para ser sincero debe agregar que antes ni siquiera había intentado acercársele alguna vez. Se había mantenido ajeno a las balsas y a los aviones, a becas y a los concursos tan anhelados por amigos y conocidos. Más de uno visitó espiritista y palero con tal de salir y establecerse no importaba cuán lejos ni  enrevesado el idioma; no importaba nada con tal de salir.

Entre mimos de su amada, veía pasar modernos edificios, amplias plazas abundantes en vegetación, increíbles avenidas colmadas por filas de autos modernos, y después aceras con personas encapuchadas debido al frío. Más adelante vio rústicas paredes, asentamientos marginales que tanto le recordaron en lo visible a ciertas zonas de su pueblo. Les llaman villas, y a las villas no le siguieron castillas, sino vallas con propaganda electoral que alternaban con  anuncios publicitarios a orillas del asfalto escrupulosamente alumbrado debido al mal tiempo que para él era magnífico, cansado como estaba de tanto sol. De pronto no supo si un político se lavaba los dientes con tal pasta o si una hermosa modelo convocaba a no perder la memoria histórica; le resultaba imposible distinguirlos porque los políticos también aquí tienen cuidada dentadura y gusto en el vestir, y para ambas cosas invierten mucho de sus ganancias; incluso, supongo, algo de lo recaudado en el Partido.

Probablemente, viendo aquellos carteles su inconsciente fuera consiente de dos nombres que a la postre provocarían largas y desveladas conversaciones, y no dice la enemistad porque es exagerado, con el AsereBergson, cinco años atrás instalado en la tierra de Borges, Piglia, Cortázar, Sábato, quienes para el Aseregaucho eran más importantes que Gardel y Le Pera, y claro está, que Perón y Evita. Pero de esto se hablará después, solo adelanto que los nombres pertenecían a dos políticos postulados para las selecciones del 2015, acontecimiento abrupto para algunos amigos y del que nada se sabe aún, así que no se embullen, porque estamos en el año 2014, que según la numerología será para el Aseregaucho el que traiga la energía transformadora.

El cielo quedaba cubierto por una nata a lo dulce de leche y no cesaba la llovizna. Y aquí apunta “dulce de leche” con toda intención, pues faltaba poco para darse cuenta: en la  nueva geografía el dulce de leche es tan querido como allá detrás el de guayaba. Y aunque jamás hubiera explorado los saboargentinares de la nación que tan generosamente lo acogía como turista con visado para sesenta días, pero con la intención de prolongar la estancia por mucho más, siempre había estado en contacto con tan empalagador manjar. El dulce de leche era como la leche condensada hervida o “fanguito” para los habaneros, ese alimento que había ayudado a rebeldes y  becados, a presos y a madres iracundas cuando sus hijos no tenían qué comer. Fue común entre los suyos porque algunos recibían varias latas de leche por la libreta de abastecimiento – llamada también en la actualidad : la engañadora- y por sobreabundancia terminaban vendiéndolas, acto aprovechado por niños entre los que él, dado su desprecio con el exceso de azúcar, no se encontraba.

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